Tumba de Miguel Moya. Fotos: JC Martín Lera. Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid.

Fecha

1921

Material

Mármol y piedra caliza

Emplazamiento

Sacramental de San Justo: Paseo de la Virgen del Santo, 70. Patio de Santa Cruz, sepultura 32
¿Cómo llegar?

La capacidad adaptativa de Mariano Benlliure llama la atención especialmente en los monumentos funerarios, donde consigue conectar con la persona fallecida y recoger desde rasgos de la personalidad, hasta símbolos que hablen a través del tiempo sobre la vida y obra de quien reposa en esas sepulturas. Es el caso del mausoleo de Miguel Moya, en el Cementerio Sacramental de San Justo.

Miguel Moya y Ojanguren (Madrid, 1856 – San Sebastián, 1920) fue un destacado periodista y político, activo desde finales del siglo XIX hasta su fallecimiento en 1920. Fue redactor y director de varias publicaciones y presidente de la Sociedad Editorial de España, un importante órgano de defensa de la prensa española. Fue miembro fundador de la Asociación de la Prensa de Madrid, institución que presidió desde su fundación hasta su muerte. A través de esta asociación, exigió la libertad de expresión, así como unas condiciones dignas de los trabajadores del sector de la prensa.

El sepulcro familiar que acoge los restos mortales del periodista resulta sencillo, en comparación con otros imponentes monumentos, pero es en esa sencillez radica la emoción de esta sepultura. El escultor solo incluyó una figura masculina, de tamaño natural, situada a la misma altura que un espectador. Aparece a un lado de la tumba vestido con un guardapolvo de trabajo, apoyando la mano sobre la base de la cruz que corona la tumba realizada en mármol. Su semblante, triste y afectado contempla el pequeño relieve con la efigie de Moya que aparece en la losa inclinada de piedra caliza. Se trata de un cajista de imprenta, una profesión íntimamente ligada a la prensa escrita de la época, ya que se ocupaba de componer los moldes que se iban a imprimir en el periódico. De esta manera tan sencilla, pero tan emocionalmente efectiva, Mariano consiguió condensar el propósito principal de la trayectoria profesional de Moya: mejorar la situación de personas que, como los cajistas de imprenta, trabajan por y para el periodismo y hacían frente a unas deplorables condiciones laborales.