Mausoleo a Eduardo Dato en el Panteón de Hombres Ilustres. Foto 1: Antonio Passaporte, 1927-1936. Archivo Loty. IPCE. Ministerio de Cultura y Deporte. Fotos 2, 3, 4 y 5: Patrimonio Nacional.

Fecha

Firmado M. Benlliure 1928

Material

Mármol y bronce

Emplazamiento

El 8 de marzo de 1921, cerca de la Puerta de Alcalá, Eduardo Dato caía herido de muerte tras el ataque de tres pistoleros anarquistas que dispararon contra el presidente del Gobierno. Se decretaron tres días de luto nacional y el rey Alfonso XIII presidió el cortejo fúnebre del político.

Eduardo Dato e Iradier (A Coruña, 1856 – Madrid, 1921), abogado de profesión, destacó desde muy pronto en la política, adscrito al Partido Conservador. Fue diputado, ministro de Gobernación, cargo desde el que comenzó a fraguar la primera legislación laboral, también ministro de Gracia y Justicia, alcalde de Madrid, presidente de las Cortes Generales y presidente del Consejo de Ministros en varias ocasiones, en la primera de ellas, fue el responsable de declarar la neutralidad de España en la I Guerra Mundial.

El mausoleo de Dato, en el Panteón de Hombres Ilustres es un ejemplo de sobriedad y sencillez. Muestra a un Benlliure experimentado y reposado, que es capaz de combinar el clasicismo de las figuras en bronce, con el expresionismo del rostro del difunto en mármol.

El escultor coloca al fallecido en un sencillo podio, recostado sobre una almohada, con aparente paz, pero con el semblante afectado por las consecuencias físicas de la muerte, en un excepcional cincelado por parte del artista. La figura de Dato aparece cubierta por un sudario y con las manos cruzadas sobre el pecho.

En la cabecera, Benlliure colocó una alegoría de la «Fe», en bronce y con pátina muy oscura, que contrasta con el mármol blanco en el que esculpió al fallecido. Esta alegoría es una figura femenina con belleza y porte de inspiración clásica, con expresión serena y ataviada con una amplia túnica en la que el artista se deleita en los pliegues y su efecto plástico. La figura levanta entre sus manos un crucifijo con la imagen de Cristo en bronce dorado, que parece proyectarse sobre el yacente.

A los pies, dos angelotes en bronce con pátina oscura sostienen el escudo de España acompañado de varios ornamentos; se trata de una solución algo barroca, pero que aporta un equilibrado dramatismo al conjunto y un contrapunto cromático. De nuevo, Benlliure utiliza el mármol blanco para lo terrenal, y el bronce —en esta ocasión más contrastado aún— para lo espiritual.